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El futuro del PSPV, en manos de Puig

| 0 comentarios | sábado, 31 de marzo de 2012
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El problema al que se enfrenta la nueva dirección es inmenso
Para el PSPV que, salvo notables excepciones, cuenta las victorias de sus secretarios generales en los congresos por un puñado de votos, la elección de Ximo Puig con el apoyo de más del 60% de los delegados no deja de ser una buena noticia. Que ese respaldo se haya obtenido a través de un pacto entre cabecillas que se guardan una cordial enemistad desde hace lustros indica que el rechazo hacia Jorge Alarte y la ambición por el poder eran mucho mayores que las diferencias que les han enfrentado a lo largo de la historia. Las razones de esa inquina nunca han quedado claras. De los debates públicos mantenidos por los candidatos a lo largo de la campaña previa al congreso no se derivaron nunca diferencias sustanciales que justificaran el voto en contra a la gestión del ex secretario general. Otra cosa son los enfrentamientos personales —que los hay— o las descalificaciones que se hayan producido en el seno de las agrupaciones locales que, en muchos casos, han rozado el insulto, cuando no directamente la falsedad. En cualquier caso, esa es agua que no mueve molino. Jorge Alarte a lo largo de su mandato al frente del PSPV no ha conseguido empatizar con la militancia y tampoco ha logrado construir un discurso político lo suficientemente sólido que superara las carencias emocionales con sus compañeros. Dos motivos que a los delegados del XII Congreso les han parecido suficientes para votar en contra de su gestión, primero, y votar mayoritariamente, después, a Ximo Puig. Alarte y Ángel Luna, durante su etapa de portavoz del grupo parlamentario socialista en las Cortes Valencianas, dejan el inmenso legado de su lucha contra la corrupción, a pesar de todas las trabas que encontraron entre muchos de sus compañeros, algunos de los cuales forman parte de la facción con la que se identifica al actual secretario general de los socialistas valencianos. El ninguneo que de este combate se hizo durante el debate es, sencillamente, miserable. El alcalde de Morella, aunque solo sea por dignidad democrática, tiene la obligación de mantener y ampliar este legado. Puig carga con una enorme responsabilidad sobre sus hombros. El PSPV es un partido desconectado de la sociedad, sin un discurso sólido que ofrecer a los sectores progresistas y visto por los jóvenes como una antigualla cuyo lugar natural sería un museo de ciencias políticas. El problema al que se enfrenta la nueva dirección es inmenso. Y será aún mayor si el nuevo secretario general, como ha ocurrido históricamente con todos sus antecesores, se fijara como urgente el control de la organización cuando lo prioritario debería ser recuperar a la ciudadanía progresista con un proyecto socialdemócrata y moderno. A caballo entre Madrid, Morella y Valencia, Puig no lo va a tener fácil. Necesitará lealtad (la que su facción no tuvo con Alarte cuando este ofreció integración y paz interna a cambio de puestos en las candidaturas de las municipales y las generales), generosidad (la que no han querido tener con el ex secretario general al que se le quiso humillar proponiéndole que siguiera como portavoz en las Cortes Valencianas), inteligencia emocional y capacidad para entender las claves de la sociedad actual. Solo así evitará que germine la idea de que en este congreso nadie gana y es el PSPV el que va perdiendo lentamente. La configuración de la ejecutiva dará una idea de si Puig apuesta por lo urgente frente a lo prioritario. Pensar que la crisis económica y los escándalos van a ser suficientes para derribar a Alberto Fabra sin ofrecer una alternativa favorecerá el crecimiento de Compromís y la consolidación de Esquerra Unida. El desenlace del congreso tiene algunas consecuencias colaterales. La victoria de Puig, firme puntal de Carme Chacón, debilita internamente aún más a Rubalcaba. José Blanco —esta vez sí acertó en Alicante— es uno de los vencedores de este fin de semana. El ex secretario federal del PSOE, decisivo en el papel jugado por Francesc Romeu, demuestra que sigue controlando el aparato socialista pese a estar en un segundo plano y deja claro que su apoyo a Alarte era puramente coyuntural.
Paradojas de la política. El futuro del PSPV está en manos de Ximo Puig, un veterano.
JOSEP TORRENT 31 MAR 2012 - 23:04 CET

El PSPV elige a... Bosnia-Herzegovina

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El potaje está servido. La derrota por la máxima de Jorge Alarte a manos del triunvirato Puig-Pajín-Romeu deja al primer partido de la oposición (valga el lugar común) convertido en algo así como un puzzle diseñado por un chimpancé con una ballesta. Todo indica que el socialismo aborígen ha dado luz verde a unas primarias feroces y feraces a dos años vista. Menudo regalito para Alberto Fabra.
-Jorge Alarte: Si esta vez cumple su compromiso (no lo hizo ante los electores cuando prometió que se marcharía si no mejoraba sustancialmente los resultados de 2007) pasará de ser el diputado número uno del PSPV al diputado número 99 de las Cortes. O sea un jarrón chino como Camps, pero en versión socialdemócrata Si no cumple y, por aquello de la "responsabilidad" y de "no hacerle un regalo a la derecha", se integra en la ejecutiva de Puig y se mantiene como síndico portavoz mantendrá un protagonismo mediático óptimo para su natural ambición de cara a las elecciones de 2015, pero infausto para su credibilidad y para la de su partido. Es lo que tiene jugar fuerte.
.-Ximo Puig: El alcalde de Morella y diputado nacional dejará la galia socialista de Castellón por un trasiego constante entre el Congreso de los Diputados y la cuarta planta de la sede de Blanquerías. Muy bueno para el AVE, pero muy complicado para gestionar la colmena socialista. Él decide si cumple con Leire Pajín y Francesc Romeu y permite que el PSPV se convierta en una gallera, o si pasa el rodillo de su magra victoria orgánica.
-Pajín y Romeu: Son Jóvenes Sobradamente Preparados para coger el testigo de las guerras intestinas que aprendieron de sus mayores. Pero ninguno de los dos goza de reconocimiento social mínimo. Pajín ha sido la ministra menos valorada del Gobierno y Romeu se ha revelado como un auténtico tahúr del Misisipí, que diría Guerra. Es decir, de la primera no se fían los ciudadanos y del segundo no se fían sus conmilitones.
-Manolo Mata: Ya se ha lanzado a la arena de unas 'primarias a la francesa' que divertirán tanto a los medios y al PP como tensionarán (más si cabe) la precaria convivencia interna. Está por ver si el lermismo se la juega y de aquí a 2014 desarrolla un censo de simpatizantes: exactamente lo que proponían Antoni Asunción... y Rafa Blasco, por citar a dos ex socialistas de pro.
-Señor o señora X: El alartismo nunca ha existido como tal, esto no es ningún descubrimiento, así que Ximo Puig puede muy bien intentar 'integrar' como portavoces a Cristina Moreno o Rafa Rubio (por citar dos nombres que han estado en las quinielas) para cohesionar Valencia ciudad en torno a su candidato a la ciudad (¿Calabuig?). Pero no lo hará porque ni se va a arriesgar a que ambos decidan también jugar al liderazgo en unas primarias tumultuosas ni ese desprendimiento forma parte de la dinámica de ocupación del poder propia del ADN lermista.
En fin, que en Compromís, en EU y en el PP se frotan las manos. "Del PSPV comeremos todos", vaticinó el próximo cartel de EU.
P.D: Vayan por detrás: mi enhorabuena al bueno de Ximo Puig; mi solidaridad sincera para con Jorge Alarte; y mi absoluto sonrojo ante un partido que vota en contra de su propia gestión y aplaude el resultado de esa votación.
P.D.2: Compañeros periodistas, tranquilidad y paciencia o nos volveremos locos a la hora de decidir, por aquello de la pluralidad, a quién sacamos como cabeza visible del PSPV.
Mariano Gasparet

El reflejo amable de Lerma

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Ximo Puig logra dirigir el socialismo valenciano cuatro años después
Diputado nacional, no podrá hacer oposición a Fabra en las Cortes
El nuevo líder socialista dejará la alcaldía de Morella
Ximo Puig (Morella, 1959) es desde este sábado el líder de la segunda federación más numerosa del PSOE. Este veterano político, periodista de profesión como su mujer, con quien comparte dos hijos, llega al liderazgo del PSPV cuando menos lo esperaba y aupado por una militancia harta de derrotas electorales. En política desde los primeros compases de la democracia, Puig tuvo su primer cargo importante como subsecretario y director del gabinete de Presidencia de la Generalitat a las órdenes de Joan Lerma, en 1983. Lerma ha sido desde entonces su principal referente político. Desde las tramoyas de Presidencia, Puig aprendió dos cosas. Por un lado, a construir una Administración de nuevo cuño y a modernizar un territorio con señas de identidad propias pero fuertemente desestructurado. Por otro, aprendió a sobrevivir a las luchas cainitas del socialismo valenciano, siempre envuelto en guerras tribales. Una característica de la que el PSPV siempre ha hecho exhibición, tanto en el gobierno como en la oposición. Puig tanteó, por primera vez, sus posibilidades de acceder a la secretaría general del PSPV hace 12 años en un congreso celebrado en el mismo lugar donde este sábado resultó elegido. Entonces, también con una militancia convulsionada, Puig renunció a sumarse a una ensalada de candidatos a la secretaría general (cinco) y a presentarse como solución para deshacer el equilibrio entre José Luis Ábalos y Joan Ignasi Pla, que finalmente ganó el segundo por muy poco. Refugiado desde hace casi tres lustros en la alcaldía de Morella, un precioso municipio de montaña del interior de Castellón en el que habitan unas 3.000 almas, Ximo Puig ha demostrado ser un corredor de fondo. Y, sobre todo, muy paciente. Cuando las encuestas auguraban en 1995 la pérdida de poder del PSPV en la Generalitat y en las capitales y diputaciones, Puig optó por reclamar el apoyo de los morellanos para dirigir el Ayuntamiento y lo logró con mayoría absoluta. Cargo que ha revalidado ininterrumpidamente desde entonces y que ha compatibilizado siempre con otro puesto de mayor relevancia, bien en la Diputación de Castellón, bien en las Cortes, bien en el Congreso de los Diputados. De trato amable, valencianista y buen conocedor de los entresijos del PSPV, Ximo Puig ha evolucionado políticamente sin abandonar nunca la referencia de Joan Lerma, con quien sigue consultando casi a diario. Hace cuatro años intentó, ya formalmente, postularse como secretario general en un congreso en el que también tenía aspiraciones Jorge Alarte, que se hizo con la victoria. Entonces, perdió en la recta final y recurrió, como siempre, a su mejor arma: la paciencia. Los malos resultados electorales cosechados desde el congreso de 2008 acabaron por ofrecer a Puig otra oportunidad. El año pasado, en vísperas de las autonómicas y municipales, se presentó ante el secretario general del PSPV como el apoyo necesario para remontar la situación. Alarte aceptó y permitió que los partidarios de Puig, que encabezó la candidatura al Congreso por Castellón, mejorasen su representación institucional. Alarte creyó que el acuerdo le permitiría integrar a los críticos y lo que hizo fue visualizar una alternativa capaz de aglutinar el malestar existente. Puig, que ya ha anunciado que dejará la alcaldía de Morella para dedicarse al PSPV, tiene a favor su carácter conciliador y la capacidad de dar juego. Con escaño en Madrid, no podrá hacer la oposición al presidente de la Generalitat, el popular Alberto Fabra, en las Cortes Valencianas. Pero tampoco está claro que vaya a postularse como candidato en las próximas elecciones autonómicas. De lo que no cabe duda es de que tiene mucha paciencia.
Joaquín Ferrandis

PUIG SECRETARIO GENERAL

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MATA ESPERA UN "ESFUERZO INTEGRADOR" DE PUIG

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El exdiputado autonómico Manolo Mata considera que el nuevo secretario general de la formación, Ximo Puig, tiene "toda la legitimidad para elaborar la ejecutiva" que considere, "porque se la ha ganado". No obstante, ha resaltado que el nuevo líder de los socialistas valencianos "tendrá que hacer un esfuerzo" integrador. En cuanto al resultado de la votación, ha manifestado que tenía una "intuición" acerca de la elección de Puig tras las primeras decisiones adoptadas por los delegados durante la jornada inaugural del cónclave socialista, que dio comienzo el viernes por la tarde en Alicante.

ROMEU ESPERA UN PAPEL IMPORTANTE

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El socialista Francesc Romeu, que dio su apoyo a Joaquim Puig, ha expresado hoy su confianza en tener un "papel importante" en la nueva ejecutiva de los socialistas valencianos. A lo largo de las próximas horas habrá que configurar "los equipos, las estrategias, los mensajes y los discursos claros y contundentes", dijo Ha rehuido de "hablar de nombres por nombres" y ha dicho que lo importante en cuanto a la composición del comité ejecutivo nacional es que sea plural y con "perfiles de solvencia", ya que "hay un gran trabajo por hacer por la situación económica, social, política y moral muy complicada" a la que, a su juicio, "ha llevado el PP". Ha indicado que a partir de ahora habrá que "estar 24 horas en la calle" y ha pedido "cambiar despachos por acción" directa con los ciudadanos, lejos de "discursos artificiales". Además, se ha felicitado de haber estado "en primera persona en la resolución" de la elección de Puig como secretario general y en el futuro diseño de los equipos, y ha subrayado que trabajará para que "la sociedad valenciana vuelva a identificar al PSPV-PSOE con el referente de la izquierda".

Alarte, tras su derrota: ´Soy un militante disciplinado´

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El ya exsecretario general del PSPV-PSOE Jorge Alarte ha manifestado que, una vez que los delegados han elegido otro líder en el duodécimo congreso, ahora "lo que toca" es "generar tranquilidad y estabilidad en el seno" del partido. En declaraciones a los periodistas minutos después de conocerse los resultados de la votación, que han dado la Secretaría General del PSPV-PSOE a Joaquim Puig con un respaldo del 61,14 por ciento, Alarte ha señalado que se encuentra "bien", aunque "no alegre". Tras abandonar el plenario del Paraninfo de la Universidad de Alicante, donde se ha proclamado a Puig, Alarte se ha reunido durante varios minutos en un aula con más de un centenar de delegados próximos a su sensibilidad, a los que ha agradecido su respaldo y a los que ha dicho que ha dado "la cara" en el cónclave. "Estoy sereno y seguiré al pie de mis responsabilidades, que es lo que toca en estos momentos: Generar tranquilidad y estabilidad en el seno del PSPV", ha indicado. Alarte ha preferido no entrar a valorar más en profundidad el resultado del congreso, ni tampoco su futuro papel dentro del partido hasta reunirse con Puig. "Por una cuestión de cortesía no anunciaré yo absolutamente nada sobre mi disposición personal, sin escuchar antes al secretario general", ha reiterado antes de aclarar que, una vez que se produzca ese encuentro, comunicará "en qué situación" se queda y cuál será la citada disponibilidad. En todo caso, ha reafirmado que es "un militante disciplinado" del PSPV y uno de los diputados del grupo socialista, y que está "a disposición de la dirección del PSOE, como siempre". Preguntado por si se siente decepcionado por el escaso apoyo que ha recibido, del 34,09 por ciento, lo ha rechazado porque "los que han votado son los compañeros del partido, que tienen todo el derecho a votar y a tomar sus decisiones". Acerca de su persistencia a seguir aspirando a la Secretaría General pese a que se preveía una mayoría en torno a Puig, Alarte ha comentado que "la peor batalla en términos de disputa democrática es la que no se da". "Ahora hay un secretario general, a quien estoy a su total disposición como militante disciplinado", ha repetido.