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Alarte no abandona y busca apoyo para hacer frente a Ximo Puig

| | viernes, 30 de marzo de 2012
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Los socialistas valencianos, como ya es habitual desde hace 17 años, llegan al congreso en el que deben renovar su ejecutiva sin acuerdos, envueltos en sus interminables luchas internas y con cuatro candidatos -Jorge Alarte, Ximo Puig, Francesc Romeu y Manuel Mata- que aspiran a hacerse con las riendas del PSPV. A pocas horas de que el cónclave arranque esta tarde coincidiendo con el Viernes de Dolores en la Universidad de Alicante con el futuro de los socialistas valencianos en manos de 555 delegados -526 con derecho a voto-, las posiciones -en medio de un sinfín de conversaciones y contactos- se mantienen inamovibles. Puig se siente cerca de ganar y Alarte, por contra, rechaza retirarse, incluso, si pierde hoy la votación que evaluará su gestión al frente del PSPV. Ambos cortejan, especialmente, a Francesc Romeu y, en menor medida, a Manuel Mata para captar apoyos que les permitan afianzar sus opciones de victoria. Pero, de momento, nadie se retira y el acuerdo con el que sueña Ferraz para intentar pacificar el PSPV parece lejano. Realmente lejano. Alarte rechaza arrojar la toalla. Piensa llegar hasta el final, apuntaron desde su entorno. Lejos de retirarse como le reclama Ximo Puig para garantizar un congreso de unidad y consenso, el secretario general del PSPV seguirá hasta el final gane o pierda la votación que hoy mismo, en la primera jornada del cónclave, evaluará su gestión. Esa es su voluntad. Alarte hará un discurso muy crítico, en el que repartirá culpas a diestro y siniestro. Se atribuirá la responsabilidad pero también se la achacará a la gestión de Ximo Puig como coordinador de la campaña para las elecciones generales e, incluso, a Leire Pajín como candidata al Congreso por Alicante. No descarta promover la abstención o, incluso, el voto en contra de la gestión en una pirueta para esconder sus verdaderos apoyos, en una primera jornada que, apuntaron diversas fuentes, podría acabar entrada la madrugada. Tendrá que escuchar, eso sí, una avalancha de durísimas críticas a su labor al frente del PSPV. El informe de gestión -rechazado por un 70% de las agrupaciones- se ha convertido en el ariete de los críticos, con los afines a Ximo Puig a la cabeza, para intentar que Alarte no llegue a la ronda final y eliminarlo de la lucha. Más allá de esa batalla, sin embargo, Alarte no sólo descarta marcharse -"un secretario general se retira si pierde el poder pero no por perder unas elecciones", proclaman sus afines- y busca apoyos para tratar de afianzar sus opciones de plantar cara. Como también hace Puig -por delante en todas las cuentas de delegados- para decantar el congreso de forma defitiva. Alarte se vio ayer en persona con Romeu y con Mata -ambos ya estaban ayer por la tarde en Alicante, donde participaron en la protesta del 29M- al tiempo que conversó por teléfono con Puig. Su oferta pasa por encabezar una ejecutiva de integración, algo que el resto rechazan. El alcalde de Morella, por su parte, compartió contactos con sus socios de congreso -por el hotel en el que se hospeda pasaron desde Ángel Franco a Ana Barceló hasta algunos de sus fieles como José Manuel Orengo o Alfred Boix- pero también almorzó con Romeu que, al cierre de la edición, no había comprometido su apoyo con ninguno de los aspirantes. Fuentes próximas al excolaborador de José Blanco en Fomento sí señalaron que, en todo caso, Francesc Romeu respaldará una solución de unidad, que deje a un lado los egos personales y, en ese escenario, parecía más próximo a una entente con Ximo Puig que con Jorge Alarte, al que el resto de candidatos sitúan en una tesitura de huida hacia delante al margen de las directrices de la dirección federal del PSOE que apuesta por una candidatura única que pudiera tener un respaldo amplio. Romeu, incluso, no ha llegado a descartar, si Alarte se acaba retirando, heredar sus apoyos para ofrecerse como alternativa. Pero, en estos momentos, en Ferraz hay preocupación. Mucha preocupación. Hasta el punto de que, finalmente, la cúpula del PSOE decidió ayer suspender la visita de Rubalcaba, prevista para la apertura del congreso y aplazarla hasta la sesión de clausura. Fuentes de Blanqueries atribuyeron el cambio de agenda a que, inicialmente, la petición de la dirección de los socialistas valencianos -la cuarta federación del partido en España- era que el líder del PSOE cerrara el cónclave. Otras fuentes, sin embargo, apuntaron que Rubalcaba no quiere verse envuelto en un congreso que arrancará con una batalla campal en el informe de gestión. "No puede venir a reclamar paz y que nos estemos matando a la media hora de irse", apuntó un veterano dirigente socialista. La intervención de la sesión de clausura, para Rubalcaba, es mucho más cómoda: apadrinará la solución que se elija. Sí vendrá a la inauguración Elena Valenciano, número dos del PSOE y persona de confianza de Rubalcaba. A pocas horas de iniciarse el cónclave socialista, nadie quiere aparecer a la sombra de Ferraz. Romeu y Mata estuvieron en Madrid el miércoles. Como es norma habitual en el socialismo valenciano, basta aparecer junto a dirigentes de Ferraz para caer en desgracia. Y todos los actores que participan en esta nueva película bélica del PSPV quieren resolver el congreso en la Comunidad. Aunque sea desangrándose otra vez. El alcalde de Alcoy, el primer edil de Xàbia o un gesto con Romeu En el caso de que un acuerdo de última hora no lo remedie, el congreso de los socialistas valencianos podría empezar con una votación y con los "clanes" del PSPV midiendo fuerzas. Durante toda la jornada de ayer, se produjeron diferentes conversaciones para tratar de pactar la mesa que dirigirá el congreso de los socialistas valencianos. La cuestión no es baladí. Es el órgano que controla los tiempos de intervención, que tiene potestad sobre el proceso electoral o que decide sobre las reclamaciones. Hay un cierto consenso sobre el reparto de las dos vicepresidencias y las dos secretarías de la mesa del cónclave: será una a propuesta de cada uno de los aspirantes a la secretaría general del PSPV. El problema viene con la presidencia que, en teoría, debía articularse con un nombre de consenso. Y en ese punto han surgido las discrepancias. El sector de Alarte propone al alcalde de Alcoy, Antonio Francés, en un intento de retener su apoyo después de que el edil alcoyano tuviera un gesto con Ximo Puig y participara en uno de sus actos de campaña con la agrupación de Ibi. Los partidarios de Ximo Puig, por contra, proponen al regidor de Xàbia, José Francisco Chulvi, -uno de los que podría entrar en la carrera para la secretaría provincial de Alicante- o a la portavoz socialista en el Ayuntamiento de Algemesí, Marta Trenzano, uno de los grandes apoyos de Francesc Romeu. Sería un detalle de Ximo Puig para intentar cerrar el acuerdo que afianzara su mayoría. En círculos socialistas también se apuntó anoche el nombre de Agustín Navarro, alcalde de Benidorm, como propuesta del sector de Puig, una propuesta que, sin embargo, fuentes de este grupo descartaron por completo
PERE ROSTOLL

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